jueves, 3 de mayo de 2012

LOS PRISIONEROS - LA VOZ DE LOS '80


Atrás quedaban los Pseudopillos, los Vinchukas, Gus Gusano y Los Apestosos. 
 Habían nacido Los Prisioneros y 1984 era el año del álbum debut. 

 Y bueno, hay que confesar que es impresionante la calidad desplegada por 3 jóvenes menores de 20 años en su primer LP. En un momento en que no tenían idea de cómo producir apropiadamente un disco (aparentemente, el productor tampoco sabía hacerlo y el ingeniero no sabía como mezclar) desnudaron como ninguna otra banda los encantos y desencantos de este inocente pueblo al sur de Estados Unidos.

 Hablo del pueblo de entonces y del de ahora. Porque si hay un disco del trío que no ha envejecido casi nada, es éste. 

 Razones? 

Jorge Gonzáles es poco sutil en su composición lírica, pero vaya que resulta efectivo, conciso y contundente.Y en el camino, sumamente entrañable. Puede hablar de la desunión atávica de múltiples pueblitos orgullosos de una soberanía de cartón y de banderitas de color blanco azul y rojo, así como desgarrarse con la resabida historia de adolescentes confundidos entre clichés televisivos y gente estúpida que sobra en las noches de sábado. Nunca quiso quedar bien con nadie y desde el inicio de su carrera redactó su inconforme manifesto. Y lo hizo con unas líneas de bajo de la puta madre.

Claudio Narea es aún menos sutil en su espartana capacidad guitarrera, pero nos entrega riffs inmediatos y con punche, que llevan toda la fuerza de los 80s y solos sencillos pero inolvidables para enseñarte la necesidad de entregar poco para amar y ser amado. 

 Miguel Tapia pareciera permanecer a la sombra de sus compañeros, pero sus fluidos patrones rítmicos y notables redobles cargan el peso del mejor gancho comercial, por el cual moriría Marilyn y también una tal Eve-Evelin. 

El disco pareciera surgir como por generación espontánea de las veredas abandonadas, de los mismos negocios tristes de aquel San Miguel barriobajero tan bien retratado en la portada. Exuda un grito libertario de aquellos que se hartaron de callarse la boca y trabajar para vivir bajo un régimen asesino. Ahora vivirían para trabajar en pos de canalizar la voz de los que sufrieron la represión, de los que callaban la boca mientras el gobierno chileno caminaba por encima de ellos, de los olvidados. 

 Chile tenía rock popular. Y con sello propio. Retrataba antihéroes conmovedores por doquier pero con una rabia que podía partirte el culo a patadas.