jueves, 3 de junio de 2010

ECHO & THE BUNNYMEN - CROCODILES




Cuando yo hablo de mis bandas favoritas, casi siempre considero a las que supieron desarrollar su sonido en un nivel superlativo desde un inicio. Dado el caso, me resulta complicado encontrar entre mis bandas favoritas, un álbum debut que sea superior a 'Crocodiles' de Echo & the Bunnymen.


El sonido característico de la banda resulta poderoso y perfectamente identificable desde un inicio. Su propuesta une su explosiva potencia post-punk con las influencias psicodélicas de fines de los 60's. En la teoría, esta fusión resulta pertinente, ya que el fetichismo por la oscuridad, presente en la escena británica de inicios de los 80's, dialoga a la perfección con los sombríos senderos recorridos por bandas como The Doors(una de las bandas héroe del cuarteto)


Ejemplos en la práctica de dicho matrimonio son la siniestra atmósfera de los teclados y voces en "Pictures on My Wall", los acentos lisérgicos de la vertiginosa "Going Up" o el sonido casi pesimista(si cabe el término) de la interpolación guitarra-teclados de la intro de "Villiers Terrace". Los principales responsables detrás de éste coctel sonoro son Ian McCulloch y Will Sergeant. La gruesa y expresiva voz de McCulloch danza entre calmos lamentos graves y furiosos arrebatos barítonos , que se complementan con la inacabable paleta de texturas del Sergeant, uno de los pocos guitarristas que privilegia a los acentos melódicos y fraseos antes que a la simple rítimica o solista, guardando las virtudes y suprimiendo los excesos de ambas. La simbiosis de ambos aportes generan verdaderos poemas nocturnos. Es una extraña belleza, donde los colores se producen por contraste con el negro y sus matices. Donde la luz es la sombra y viceversa. Tal y como sucede en la portada.


Si los Beatles tuvieron a Lennon-MacCartney como pareja creadora, sus herederos en Liverpool les tomaron la posta sin temor. Y así como los 'Fab Four' tuvieron un gran soporte en Harrison y Starr, la sección rítmica de los 'Liverpool's Finest', compuesta por el lírico melodicismo del bajo de Les Pattinson, y la poderosa simpleza del eterno Pete de Freitas no quedaba como mera comparsa en absoluto. Y es precisamente este último par el que destaca en la otra cara del sonido del disco. La contagiosa energía de la clásica "Rescue", la sorpresivamente colorida "Pride" o los súbitos estallidos instrumentales de "All that Jazz" destacan por una gran fluidez y dinámica, donde las diferentes cadencias y secciones se suceden con facilidad pasmosa, y donde, por momentos, la voz y la guitarra intercambian puestos con sus pares rítmicos en un juego de melodías y contramelodías.


Este cúmulo de diferentes percepciones le brindan una gran variedad al conjunto. Las canciones que cité anteriormente son parte de las clásicas del grupo, pero las demás se encuentran al mismo nivel. Lanza cualquiera al aire y resultarás satisfecho. Y justamente esta consistencia hacen que el disco pueda escucharse sin pausa. A fin de cuentas, son sólo 37 minutos, pero la intensidad y la opresiva atmósfera del disco hacen de 'Crocodiles' un viaje más que un álbum. Un viaje por los sectores más recónditos de la psiquis humana, donde realidad y ficción, lógica y absurdo convergen, y donde estarás de acuerdo en que los hombres muertos son felices.


Este cúmulo de diferentes percepciones le brindan una gran variedad al conjunto. Las canciones que cité anteriormente son parte de las clásicas del grupo, pero las demás se encuentran al mismo nivel. Lanza cualquiera al aire y resultarás satisfecho. Y justamente esta consistencia hacen que el disco pueda escucharse sin pausa. A fin de cuentas, son sólo 37 minutos, pero la intensidad y la opresiva atmósfera del disco hacen de 'Crocodiles' un viaje más que un álbum. Un viaje por los sectores más recónditos de la psiquis humana, donde realidad y ficción, lógica y absurdo convergen, y donde estarás de acuerdo en que los hombres muertos son felices.


PD: Recomiendo severamente la edición con bonus tracks del 2003, la cual contiene las dos canciones que sólo se incluyeron en EE UU, "Read it in Books" y la fabulosa "Do it Clean", así como el EP 'Shine so Hard' al completo.

DECONSTRUCTION - DECONSTRUCTION


'Deconstruction' está catalogado, con toda justicia, como el mejor producto de proyecto paralelo alguno de los miembros de Jane's Addiction.
En mi opinión, una de las canciones más infravaloradas de la banda madre era "Obvious" del 'Ritual de lo Habitual', la cual se sale un tanto del contexto sonoro de la cara A de aquél álbum, con un ritmo constantemente en tensión y crescendo, alejándose de las cadencias funky y enfatizando el cromatismo de las guitarras.
Bueno, en este disco homónimo pareciera que el elusivo Eric Avery y Dave Navarro, los principales ejecutores del juego de colores y dimensiones sonoras de aquella canción maravillosa parecieran querer expandir las bases de la misma, añadiendo los acentos funk-metal aquí y allá, y el resultado lo reparten entre 15 temas.

Ahora, salvo "L.A. Song", es difícil que cualquier hijo de vecino haya escuchado alguna canción del trío angelino. Es así de subte su propuesta, la cual podría resumirse en largos ejercicios de bellos contrapuntos de texturas, sorprendentes por su profundidad y posibilidades. Es un tono guitarrero inédito para mí.
Tracks como "Single", "Big Sur" o "America" representan extensos mantras donde el aficionado pierde la noción de perspectiva y se sumerge en las diferentes capas de reverberación, beats electrónicos y percusión.

El trabajo vocal neutro está dispuesto como un desesperado cable a tierra, lo cual de alguna forma permite que el sonido no se les escape de las manos. Es música trascendental, pero que aún así no deja de pertenecer a un contexto mundano.
Es una experiencia tan efectiva que la primera vez que lo coloqué en el equipo provocó que apagara las luces y le prestara TODA mi atención. Eso nunca me ha sucedido.

Ahora, no todo es perfecto, el disco en su totalidad es extenso y los temas se alargan un poco. El escucha necesita ser paciente para procesarlo y entender que la intención de los creadores es la de modificar tu espacio-tiempo por 70 minutos. Y creéme que si los empleas con concentración, son 70 minutos ganados.

BLOOD, SWEAT AND TEARS - CHILD IS FATHER TO THE MAN




Este es un disco muy especial de reseñar para mí. Por muchos años escuché hablar de una banda contemporánea de The Doors o Traffic que era capaz de amalgamar el pop-rock, el jazz, la psicodelia, blues y hasta música clásica como si fuera la cosa más sencilla del mundo.
Busqué sus canciones como loco en internet. Conseguí 4 y me encantaron. Era difícil definir su sonido en ese momento: era un sonido mucho más maduro, más delicado de paladear que el rock ácido en el cual estaba inmerso en esos días. Sin embargo, entiéndase, no es un sonido adulto. Posee la urgencia romántica y el feelin-good de una juventud(los 60's) llena de contradicciones.

Una vez en mis manos, el disco se convirtió rápidamente en uno de mis favoritos. La portada me parece genial y divertida, mostrando que nuestro niño interno nunca desaparece. Y eso es justamente el tema de reflexión que me sugieren las canciones.
El álbum comienza con una cómica obertura con la que no puedes evitar reírte, para luego, casi de inmediato, pasar a la dramática I Love You More Than You'll Ever Know, una dolorosa pieza de jazz rompecorazones cuyo trabajo vocal posee un blues tan potente que muchos envidiarían. Le suceden Morning Glory, con una preciosa intro de vientos; la dinámica My Days Are Numbered, con una sección ácida al medio que resulta extrañamente adecuada; el perfecto bossa-nova de Without Her, la emotiva Just One Smile, y la burlona The Modern Adventures of Plato, Diogenes and Freud, entre muchas otras joyas que sugieren la dulce confusión del adolescente que quiere sentirse como adulto. Como diría Bryce Echenique: "una elegancia poco preparada" que corresponde a la juventud.

Musicalmente, los temas poseen un grado de fineza y sofisticación que es difícil de encontrar en otro lado. La precisión de los detalles en los arreglos, el contrapunto de instrumentos de vientos y cuerdas, los colores de sus melodías...es un disco que escucho de principio a fin embelesado.

Una vez que Al Kooper, un maestro, se separó de la primera formación, la banda lanzó muchos álbumes de éxito comercial, pero ninguno tuvo la genialidad del debut. Y Child is Father to the Man es justamente el documento de que Blood Sweat and Tears fue, en su momento, una de las mejores bandas del planeta.

martes, 26 de enero de 2010

LA EDAD DE LAS CANCIONES DE AMOR

Estoy sentado frente a la computadora, son las 9 de la noche y es un 14 de Febrero del 2008. Me encuentro con una sensación de angustia constante y densa; de esas que no llegan a la desesperación, pero que alteran tu humor por varias horas.
Como comprenderàn, para una persona que no cuenta con muchos ingresos y con una enamorada en su casa esperando para salir sì o sì a algùn lado “porque es el dìa del amor”, èsta no es una situación muy favorable.
Trato de ver de què forma evitar el vacìo que se va formando en el estòmago. Pienso en mùsica, en algo poderoso que capte todos mis sentidos, pero el tràfico que me anuncia la ventana es tal que no me deja concentrarme.
Cierro las ventanas y elijo el disco que en ese momento me pareciò el màs apropiado: El Ocean Rain de Echo & the Bunnymen. Dramàtico y càlido como pocos, es el disco perfecto para aquellos que gustan de la noche y sus misterios; un disco que define la palabra èpica en la mùsica.
Lo escucho de principio a fin hasta llegar al ùltimo tema, tambièn llamado Ocean Rain, el cual hace un hermoso paralelo del amor, comparando la calma y la tempestad de un profundo mar nocturno con los vaivenes de una emotiva relaciòn.

Tanto romanticismo sincero me hizo recordar lo mucho que detesto las cursilerìas a las que fechas como èsta se encuentran atadas. Las canciones a las que recurren los tìpicos spots de San Valentìn me desesperan.
Me pregunto si èsta hubiera sido la situación de nuestros padres o abuelos. Melòmanos o no, una fecha especial tiene una connotación particular, y ellos debieron haber preferido(o haber sido sometidos a) una mùsica determinada esa precisa noche.


¿Què canciones definieron los 14 de Febrero de nuestros padres?
Probablemente algo de nueva ola, boleros, algo de los Beatles, Motown, Los Iracundos, en fin…el asunto es que la juventud de esos tiempos tenìan gustos similares a sus padres en cuanto a cuàles canciones recurrir para una declaraciòn de amor, por ejemplo, o bien la promesa de la uniòn eterna.

Siguiendo con mis reflexiones acerca de este dìa es que llego a la conclusión de que las generaciones cada vez se separan màs.
Paradójicamente, siendo èste un paìs perteneciente a una zona del globo donde la sociedad todavía mantiene un fuerte sentido patriarcal, es justamente el lugar donde la separaciòn es màs notoria en el campo musical.
Mientras la generaciòn de nuestros viejos aùn es fiel a los “oldies”, la juventud peruana escucha reggateon o baladas de productos industriales baratos como Britney Spears, Manà y Paulina Rubio.

Siguiendo con las paradojas, es importante notar que la transmisión del gusto por la mùsica es un aspecto importante en la relaciòn padre-hijo en los paìses angloparlantes; muchas veces siendo el ùnico nexo que mantiene firmes los lazos de familia.
¿Cuàntos de los freaks de ahora no habràn empezado a explorar la mùsica con los LP´s antiguos de papà?

De acuerdo con muchas revistas y webs dedicadas a la mùsica, el ùltimo gran disco de nuestro tiempo fue el OK Computer, àlbum de Radiohead lanzado en 1997. No se si estoy de acuerdo 100%, pero la afirmación tiene mucho de verdad. No existen referentes de fuerza ahora. No encuentro artistas que engloben un pùblico importante y que gocen de respeto por parte de la crìtica. La audiencia resiente esta carencia desde finales de la dècada pasada y no hay signos de recuperaciòn.



Para no aburrir a mis lectores con tanto tecnicismo y para no perder el hilo de la cuestión, dirè que esta situación tambièn puede aplicarse a casos como el del bendito 14 de Febrero. No hay que olvidar que gran parte del atractivo de la mùsica popular se apoya en la carga emocional de sus letras de amor.

Y es ahora que extraño mis tiempos de chibolo.
Al menos en los ochentas existìan salsas romànticas decentes, como las de Frankie Ruiz y Eddie Santiago, dulces baladas como ‘Eternal Flame’ de los Bangles, ‘The Flame’ de Cheap Trick, ‘Don’t Stop Believin’’ de Journey, ‘What it Takes’ de Aerosmith, o las cortavenas ‘With or Without You’ de U2 y ‘Every Breath You Take’ de The Police, por citar los ejemplos màs comunes.

Los noventas tambièn se defendìan con ‘Enjoy The Silence’ de Depeche Mode, ‘November Rain’ de Guns N’ Roses, la rescatada ‘Somebody To Love’ de Queen y las lentas de Juan Luis Guerra(un clàsico de las fiestas)

Ahora, sin embargo, es posible escuchar a un padre colocando a ‘Woman’ de John Lennon o ‘How Deep is Your Love’ de los Bee Gees en el tocadiscos, mientras que a 10 metros de ahì, en el cuarto del hijo, nuestros oìdos se retuercen gracias a un impresentable que le aconseja al muchacho que le rompa el buche a su amiguita.

Todo eso me hace pensar…¿que hago en este momento escuchando a una banda tan underground en medio de tanta desgracia sònica?(mis vecinos no dejan de escuchar un afiebrado merengue, de esos baratazos).
No sè si sea uno de los pocos aficionados serios, o tal vez un terrible posero que quiere sentirse mejor a expensas de los demàs por ser “diferente”.
La verdad es que me gusta mi mùsica y punto. Al diablo lo demàs.


Por cierto… ya debo dejarme de tanta huevada y empezar a alistarme y descifrar que hacer con los 30 lucas que tengo en el bolsillo para no hacer de èsta una noche para “recordar”.

Ah, lo olvidaba. Ahì les dejo mi top 10 de canciones de amor de todos los tiempos. Ojalà se den el tiempo de buscarlas. Si les gustan, bien, y si no les gustan…mal, pes.

Ocean Rain – Echo & The Bunnymen
Thirteen – Big Star
For Emily, Whenever I may Find Her – Simon & Garfunkel
Reasons for Waiting – Jethro Tull
Fall at Your Feet – Crowded House
Enjoy the Silence – Depeche Mode
Chloe Dancer/Crown of Thorns – Mother Love Bone
Kiss Me on the Bus – The Replacements
Classic Girl – Jane´s Addiction

Serge Quilodràn

domingo, 24 de enero de 2010

DOLORES DELIRIO - CERO




'Cero' es un disco que, musicalmente, me ubica en el año 1985. Exactamente 10 años antes de ser publicado.

Mezcla influencias varias, casi todas británicas. El estilo vocal se debe al post-punk, perteneciente al espectro college-alternativo(Simple Minds? Echo? The Cure?), conjuntamente con las melódicas líneas del bajo. La potente batería y la inolvidable guitarra poseen el sentido de amplio espacio, típico de las producciones de synth-pop de mediados de los 80's (Tears for Fears? Killing Joke?) pero al mismo tiempo, el reverb, el eco y el ambiente onírico generado por las melodías denotan claras influencias del movimiento dream pop (Jesus & Mary Chain? Cocteau Twins?). La guitarra, especialmente, se emparenta con el trabajo de Brian Eno con U2 entre 1984-1987. Oleadas constantes y oscilantes, que trazan una envoltura mágica, invisible y que le dan mucho más carácter a los temas, cosa muy necesaria, debido a que la cantidad de influencias foráneas puede quitarle mérito a éste tremendo disco.

Si bien la voz es buena y expresiva, la estrella aquí es el conjunto de "Paisajes Azules" que la viola no se cansa de pintar. Su ingravidez resulta fundamental para conjugar luz y oscuridad. El dolor de las letras con la luminosa belleza instrumental. No hay yuxtaposición sonora aquí sino un contrapunto perfecto. El sonido es denso, pero permeable. Te enamoras de "Carmen" a la primera escucha, así como quieres volar "A Cualquier Lugar" luego de haber realizado el "Aprendizaje" respectivo, el cual consta de 42 cortísimos minutos (el álbum se te escapa de las manos)
Plagio? Quizá. Falta de originalidad? Puede ser. El asunto es ubicar las cosas en su contexto.

La escena peruana estaba muerta y bien muerta hacia 1994 y este disco reventó maravillosamente, como un segundo grito de libertad entre los sombríos cafetines del "circuito" limeño y que, felizmente, suena nuestro, y bien nuestro.

Si fuiste un adolescente en el Perú de los 90's te sentirás identificado con esa sensación de incertidumbre...existía el rock peruano? nos habíamos quedado en los 80's? dónde estaban las bandas? Habían muchos fans, como tú, que escuchaban a las bandas gringas de moda (probablemente grunge) o las vintage ochenteras, pero que las sentían lejanas. Aquí aún no habían conciertos de calidad y sólo nos quedaban los cd's y MTV para sentirnos en ambiente. Los bares locales rebosaban de bandas con talento pero con Cero popularidad.
Es por eso que yo me identifico con 'Cero'. Dolores Delirio supo encapsular todo el conocimiento musical y las frustraciones almacenadas por 10 años en el seno de la fanaticada local y lo plasmó en un álbum. No representa un sonido anacrónico, sino que logró trepar en el tiempo por una cuestión emocional, atravesando modas.

Pero más que nada, es un disco de la puta madre.

viernes, 1 de enero de 2010

CAN - SOUNDTRACKS


Sountracks encuentra el momento exacto en que Can empieza a dejar las influencias psicodélicas de lado por un sonido minimalista y experimental, y los resultados son asombrosos.

Siendo un disco, en principio, disgregado, debido a que cada canción responde a un contexto determinado(cada una pertence a distintas películas) la cohesión del álbum en su totalidad es destacable.

Desde el comienzo se nota que Jaki Liebezeit y Holger Czukay intentan enrumbar a la banda hacia una propuesta sonora en la que predomina la rítmica por sobre la melodía.

Ahora, tomando en cuenta el nivel instrumental y compositivo de los dos individuos en cuestión, el éxito está garantizado. Y más aún si contamos con el guitarrista Michael Karoli, quien toca incesantes frases que se yuxtaponen, a la vez que cambian progresivamente de tono, dando como resultado un complejo conjunto sónico de resminiscencias tribales pero futuristas.

Este es un sonido orgánico pero artificial, un extraño contrapunto donde las voces de Malcolm Mooney, y, sobre todo, del nuevo miembro Damo Suzuki, se funden en la parte instrumental como un elemento más en el juego de texturas.

"Deadlock" arranca el viaje como una pequeña joya de tintes progresivos en la emotividad de su interpretación instrumental y vocal, pero con la potencia de una banda de hard rock de tendencia minimalista, si cabe la posibilidad de que eso exista. "Don't Turn The Light On, Leave Me Alone" demuestra el por qué Can no tiene nada que envidiarle a la sección rítmica de casi cualquier banda funk, con una percusión de gran riqueza sin la necesidad de poseer mayor complejidad. "Soul Desert", un tema sencillo, pero que destaca por la particular performance vocal de Mooney, prepara la antesala a la canción central, la portentosa "Mother Sky". Éste es un jam monstruoso, donde Can rememora la crudeza de sus bases de garage rock y ácido en un ejercicio rítmico de enormes proporciones, donde por momentos el bajo y la guitarra intercambian posiciones en el trabajo rítmico y solista(increíble construcción de capas y punteos de guitarra, en conjunto con las oleadas de teclado distorsionado de Irmin Schmidt), y cuyos casi 15 minutos no abandonan la intensidad en ningún momento.
La canción de cierre, "She Brings The Rain" es un relajado número jazzy que brinda al oyente el necesario descanso tras semejante trance musical, y culmina el disco con broche de oro.

La gente suele hablar de la famosa trilogía experimental Tago Mago-Ege Bamyasi-Future Days, o rescata los inicios psicodélicos de Monster Movie, pero suelen dejar de lado a esta maravilla, lo cual me causa perplejidad. 'Soundtracks' es, definitivamente, uno de los mejores documentos del krautrock y de la música de avant garde en general.

domingo, 29 de noviembre de 2009

GLENN BRANCA - THE ASCENSION



No soy muy conocedor del no-wave. De hecho, llegué a tener conocimiento de la escena debido a que en un momento me rodeé de gente fanática de Sonic Youth(péguenme un tiro!) Aparentemente Glenn Branca se había constituido en una especie de institución de la escena experimental de NY a fines de los 70´s reclutando a algunos de los mejores músicos del circuito, incluyendo a Lee Ranaldo, futuro guitarrista de los ubicuos Youth.

La discografía de Glenn Branca es un tanto complicada. Similar a la de Stockhausen o quiza Merzbow en el hecho de que sus trabajos son denominados justamente "works", no álbumes. Pero como punto de referencia se yergue The Ascension, recomendado por muchas revistas y webs especializadas.
Dió la casualidad que un día me encontraba comprando cds y uno de los vendedores puso el disco en cuestión en los parlantes. Quedé totalmente embobado y no paré hasta comprarlo.

'The Ascension' es muy similar en estructura al 'White Light White Heat' de la Velvet. Ambos poseen pocos temas, de los cuales sobresalen 2 por su duración. Las canciones cortas funcionan como engranajes que mantienen todas las principales piezas del conjunto en perfecto funcionamiento. Su inmediatez y contundencia sonora son la antesala perfecta para el acto principal.

Resulta curioso que este sistema responda adecuadamente, considerando que la propuesta de Branca se basa en la deconstrucción del rock. Reclutando a un ejército de guitarristas y un baterista, su música nos muestra una cacofonía estructurada, una serie de pasajes rítmicos atonales, exentos de melodías convencionales que no cesa en su marcha demencial, únicamente apoyados por los golpes de la percusión, que sirve más bien como un cable a tierra. "The Spectacular Commodity", por ejemplo, sobresale del colectivo porque sus múltiples capas de guitarras poseen la propiedad de ser rítmicas pero solistas. Dictan una melodía sin melodía y un ritmo sin aparente estructura. Sin embargo, poniendo atención, se devela un sentido de composición heredado directamente de la música clásica. Se perciben movimientos y secciones.

He aquí el mayor aporte de Branca: El poder hilvanar 40 minutos de música sin gancho alguno, pero que logra mantener en vilo al aficionado sin problemas. Es un sonido que carece de emocionalidad alguna, en teoría, pero que sugieren sensaciones como visceralidad, esquizofrenia y abstracción en un contrapunto que muchos quisieran lograr. Es el sonido de nuestra mente.

ARCADE FIRE - FUNERAL
















'Funeral' es, de lejos, uno de los mejores álbumes del nuevo milenio, y es uno de los mejores trabajos de música independiente en mucho tiempo. Trataré de no expandirme demasiado en esta ocasión.
En breve, diré que el disco expresa belleza por donde se le mire(excepto en la calidad del digipak) Con una delicada propuesta sonora que incluye el aire barroco de las orquestaciones de Echo & the Bunnymen, la emotividad de Bowie y la extrema sinceridad de los Pixies, el efecto es conmovedor y dramático.

Absolutamente todas las canciones son buenas, y arman un conjunto de extrema vulnerabilidad en su aspecto lírico, donde las voces Win Butler y Reginne Chassagne no se guardan nada de nada(y considerando su situación personal, es perfectamente entendible). A la vez que gemas como "Neighborhood #1 (Tunnels)" y "Neighborhood #2 (Laïka)" desnudan una soledad y abandono arrebatadores, acentuados por los arreglos de cuerdas y teclados, las fluidas cadencias post-punk de "Neighborhood #3 (Power Out)" y el ritmo vertiginoso á la Roxy Music de "Rebellion(Lies)" denotan una urgencia ineludible.

Con la sombría belleza de "Crown of Love" como la cereza de la torta, Funeral es un disco que entrega un mensaje honesto, sí, pero que posee un carácter mundano y onírico a la vez. Narra sueños callejeros con la fragilidad y ternura de los cuentos de hadas, y todo ello sin perder la calidad musical, cualidades que rara vez se encuentran juntas en un sólo trabajo.

ANATHEMA - A NATURAL DISASTER

'A Natural Disaster' es un disco que me sorprendió bastante. Lo adquirí como parte de un lote promocional de discos de metal extremo, y me dispuse a darle un par de oídas antes de terminar de escuchar al resto.
De la discografía de Anathema yo no estaba muy informado. Sabía que se trataba de una de las bandas más importantes del doom metal (en su caso, death-doom) así que me imaginaba el típico sonido cavernoso y opresivamente lento del estilo.


Y cuando comenzó a sonar la maravillosa "Harmonium" quedé lelo. El sonido respondía al de una banda de rock progresivo contemporánea que privilegia las largas y azules texturas atmosféricas del post/rock con una performance vocal limpia y una guitarra poderosa(aunque no necesariamente metálica) que sirven de guía sonora para no perder de vista la progresión de las canciones. El suyo es un sonido increíblemente expresivo. No necesita del volumen o agresión excesiva del estilo inicial de la banda para canalizar la urgencia de su mensaje. Yo, sin llegar a entender las letras del todo, tampoco las necesito, ya que la parte instrumental sugiere más que suficiente.


Temas como el mencionado "Harmonium", la canción del título o la extensa "Violence" representan lienzos impolutos para el ejercicio de pinceladas sónicas de inusitada riqueza y potencia que se superponen en un idílico efecto.


Es una propuesta que conjuga la complejidad sonora con un sentido de construcción lo suficientemente claro como para procesar su música fácilmente. Es un disco inmediato y que recompensa a la primera escucha. No necesita de un público en particular para ser apreciado

13th FLOOR ELEVATORS - THE PSYCHEDELIC SOUNDS OF THE 13th FLOOR ELEVATORS

Para mí existen dos tipos claros de psicodelia: la alegrona, contestataria y luminosa del movimiento de San Franciso es la que suele ser recordada por el público en general. Al fin y al cabo, fueron los grupos más famosos y que participaron en los festivales más importantes de música pop. Pero también existió la otra rama, la más experimental e inclasificable, aquella cuyo sonido se asocia con una franca esquizofrenia. Este "otro" tipo de música influenciada por el LSD y drogas diversas fue germinándose lejos de las costas Este u Oeste, más precisamente en Austin, Texas, considerada actualmente como la capital de la música en vivo. Y estoy seguro que tal reputación se debe, en cierta parte, a su historia. El nacimiento del rock psicodélico fue forjado en sus calles y centros comerciales (si, centros comerciales).


Uno de los miembros originales de aquella camada, un tal Roky Eriksson, ya tenía cierto tiempo dándole al micrófono y buscando una banda estable, que permitiera fluir sus particulares ideas musicales. Encontró a los compañeros que necesitaba, peleó por un contrato con la incipiente International Artists (hogar de los legendarios Red Krayola y de Bubble Puppy) y se mandó con el álbum debut, luego de cierto éxito local con el tremendo single de "You're Gonna Miss Me"



Ahora, "You're Gonna Miss Me" es una de aquellas canciones que llegan cada 10 o 20 años. Fue una especie de parte-aguas en la dirección que tomaría la música popular. Su efectiva y furiosa simpleza garage, su parentesco con la ubicua "Gloria" y, en especial, los chiflados alaridos de Eriksson la volvieron inmortal. Pasó muchos años en la oscuridad, pero nunca desapareció del todo y se dio el lujo de aparecer como referente para nuestra enciclopédica época, y hasta figurar en películas de primer orden.

Alentado por tal suceso, los 13th Floor Elevators armaron espartanamente el resto del LP, le añadieron una portada tan icónica como tosca y así, de forma tan simple, le dieron el punto de partida al rock ácido. Pero lo que extraña más es el contenido. Si tú eres uno más de los incautos que se esperaba un álbum lleno de cortes garajeros y enérgicos, debiste darte un masazo cuando los siniestros primeros acordes de "Rollercoaster" aparecieron. Un producción paupérrima, una total anarquía vocal, una sección rítmica amateur, y, como la cereza, un ornamento sonoro más que bizarro (electric jug, que hasta ahora no se que m... es) es la mezcla teórica que ofrece 'The Psychedelic Sounds of the 13th Floor Elevators'. Digo teórica, porque el resultado final es mucho más complejo de definir. Es un sonido absolutamente alienante, que no parece pertenecer a este plano. Es un viaje violentísimo hacia el interior de una mente turbada como la de Eriksson, donde la dulzura de "Splash 1 (Now I'm Home)" choca con la locura de "Fire Engine" en sólo unos instantes. Es un disco muy bueno, pero muy bizarro también.



Y si eres capaz de obviar su importancia histórica y tener paciencia con la horrorosa calidad de grabación, corre y búscalo. Este es un disco de materia obligada no sólo por su papel en el desarrollo de la música contemporánea, sino como ente individual. Pero las advertencias están, no lo tomes a la ligera. No es un disco que se procese en un día.